La nube
En el contínuo reinventar la rueda al que nos someten los medios informativos tecnológicos nos econtramos con asombrosos ejemplos de márketing, capaces de impulsar modas que para sí quisiera la industria textil femenina. El término tecnológico más fashion en todas las pasarelas desde hace algunas temporadas es la nube.
La computación en la nube viene a consistir en una serie de servicios que permiten almacenar permanentemente en servidores nuestros datos para poder consultarlos desde cualquier dispositivo conectado a Internet mediante un cliente que los guarda de forma local temporalmente. ¡Qué me dices! ¡clientes y servidores! ¿Quieres decir, como esos clientes y servidores de correo que llevo usando 15 años? Exactamente eso, porque si una hay una cualidad en el márketing al uso sería la de vendernos con otro nombre lo que ya venimos haciendo desde hace tiempo.
En cierto modo la computación en la nube es conceptualmente idéntica al sistema de procesamiento de datos que predominó, cual dinosaurio tecnológico, en los 60 y 70: los mainframes. En un momento en el que el coste de los procesadores y memoria era enorme tenía sentido que una serie de terminales sin capacidades de computación propia -terminales tontos- se conectaran a un servidor central que proveía del músculo necesario para llevar a cabo las tareas de todos los usuarios. A pesar de la importancia que se les dió en su momento, la muerte de los mainframe fue povocada por el propio avance tencnológico en los 80 con el abaratamiento de los ordenadores personales, suficientes para dedicar de forma individual todos los recursos a cada usuario, haciendo prescindible el concepto de cerebro centralizado.
La estructura cliente-servidor de Internet ha traído de vuelta las ideas del mainframe en forma de enormes y carísimas granjas de servidores gobernados por Google, Amazon o Yahoo. La idea vuelve a ser que las granjas se ocupen de almacenar y procesar nuestros datos, mientras nos conectamos a ellas con nuestros terminales, cada vez menos tontos y más baratos. Y esto es así porque en estos momentos es impensable que uno pueda costearse el tener sus propios servidores en casa, tanto a nivel económico como práctico. De hecho si así fuera pasaríamos de la estructura Cliente-servidor predominante desde los inicios de Internet a una red de iguales en la que todos fueramos clientes y servidores a la vez (¿os suena eso del p2p?). Quizás es algo pronto para pensar en un peer-to-peer computing pero igual me apropio el término antes de que llegue a las pasarelas. Ah vale, que llego tarde [pdf].
Sin intentar aventurar lo que va a ocurrir en el futuro, todavía lejano y traicionero, nos encontramos actualmente con un problema fundamental a la hora de trabajar con la nube: el acceso a los datos cuando no tenemos conectividad a Internet. Se me ocurren muchas situaciones de la vida real en las que esto sucede y otras en la que es incluso deseable. El problema afecta a los servicios puramente residentes en Internet como las aplicaciones de Google (Gmail, Reader, Calendar, Docs…), Flickr, Soundcloud y varios cientos más. Por lo general el inconveniente se resuelve usando clientes de terceros que sincronizan los datos con dichos servidores periódicamente y los guardan de forma local en uno o varios de nuestros dispositivos. La desventaja -o ventaja dependiendo del caso- es que sustituímos la interfaz de usuario del servicio original por la de un tercero, en ocasiones superior en funcionalidad y usabilidad (véase clientes de Twitter, clientes IMAP para Gmail o lectores RSS).
Una segunda solución al problema del acceso offline es la que propone Google con Gears o Palm con su WebOS: las aplicaciones se acceden usando la interfaz web habitual, conservando el GUI que propone el servicio, pero podemos seguir teniendo los datos de forma local ya que estos se guardan en bases de datos que siguen disponibles cuando estamos sin conexión, gracias a la especificación HTML5.
Este es el futuro inmediato, pero todo esto no supone más que refinamientos, problemas técnicos que al usuario final ni le van ni le vienen. El cambio está permitiendo que pasemos de trabajar en la nube a trabajar con la nube. Así hasta la siguiente reinvención de la rueda.